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La visita de María a Santa Isabel Emma-Margarita

Traspasas la llanura de Esdrelón

y las montañas de Jerusalén,

en tu vientre se mece el dulce Bien,

y llegas a Ain-Karín, cerca de Hebrón.

 

En Isabel estalla la emoción:

¡Bendita tú y el fruto de Belén!,

rendidamente has pronunciado amén

y eres cauce de eterna salvación.

 

El hijo que Isabel espera ansiosa

afirma, desde el seno, la existencia

del Mesías, que en tu interior reposa.

 

E Isabel te declara fiel, dichosa,

en ti se complació la Providencia

por tu "fiat", tu ofrenda generosa.

 

Desbordante de fe y de valentía,

aceleradamente vas a darte,

a servir, a ayudar, a sincerarte,

a derramar cariño, cortesía.

 

Es encuentro de gozo, de alegría.

Isabel se conmueve al abrazarte.

Tú alabas al Señor por desposarte.

¡Estás llena de Dios, de Eucaristía!.

 

Isabel, por milagro, va a ser madre

del Precursor, profeta del Altísimo,

que mostrará el sendero del perdón.

 

Tú proclamas la majestad del Padre,

en ti se da misericordiosísimo,

y es tu carne la cuna de su don.

 

Una explosión de luz, de claridad,

una confirmación de profecías,

palabras de David y de Isaías,

brotan de vuestros labios con piedad.

 

Tú, María, adelantas la verdad

que viene a revelar tu hijo, el Mesías,

más allá de las mil teologías

que excluyen la indulgencia y la bondad.

 

Son ecos, resonancias del pasado,

compendiados en Santas Escrituras,

predicciones del Bienaventurado.

 

Son memorias del pueblo sojuzgado.

Se van a terminar sus desventuras

cuando el Reino pascual sea instaurado.

Página de Navidad © Alberto Jiménez González 2009-2012
La letra, música y partituras de los villancicos son propiedad de sus autores.
Las bolas de la cabecera son de diseño original de Cristina San Jose Diaz.
Todo el material aquí expuesto es enviado a través de los usuarios sin animo de lucro.