
El despertar de San José.
Un despertar de párpados confusos asolan a José, carpintero del tronco de David. Aguas turbias, espesas de recelos, inundan sus raíces. Sobre la espalda el peso de la niebla le impulsa hacia la noche. En su pecho aletean palomas indecisas sin cobijo. Por sus dedos incólumes se derrocha la miel del panal virgen. Ahogan su garganta arpegios de dormidas primaveras.
Le emociona mirar tus ojos bellos, el cintillo granate de tus labios de lozanía cándida. Se extravía su mente. ¿Cómo vivir o huir de aquella sombra instalada en tu albura? ¿Cómo romper el muro, el hermetismo? ¿Acaso es el retoño de su tronco tornasolado azahar en tu vidriera? Los Libros lo atestiguan, le perturba un conjuro de reflejos, de sublimes fulgores. Un vendaval sagrado le interroga.
Noticias de la luz pueblan de resplandores sus contrarios, calman su alborotado amargo mar. La voz canta el misterio que se esconde tras la puerta sellada. Un bálsamo mirífico solaza con ternura sus arterias. Amantes golondrinas arrancan los punzantes desvaríos. Inmerso en el espacio luminoso despeja sus incógnitas, llena el cuenco vacío de sus manos con el calor del nido. |